La gamificación consiste en la aplicación de mecánicas de juego y diversión a entornos formales como podría ser una empresa, un centro educativo o una institución. Se basa en introducir elementos competitivos o desafiantes como un incentivo para fomentar buenas prácticas o comportamientos. Se ha hecho popular en multitud de ámbitos durante los últimos años, desde el entorno educativo al corporativo. Hoy nos centraremos en la gamificación como una forma de fomentar la participación ciudadana en los proyectos colectivos propuestos por una institución.

La participación es un elemento vital e indispensable para la construcción de una ciudad verdaderamente inteligente. Sin las opiniones e ideas de todos sus habitantes y organizaciones, el gobierno de la ciudad pierde perspectiva y desaprovecha su capital intelectual, cada día más importante en la sociedad de la información. Además se puede caer en la desconexión del gobierno respecto a la sociedad.

Aunque imprescindible, conseguir una participación ciudadana no es un problema trivial y un proyecto de participación exitoso necesita análisis y diseño que vaya más allá del “dejemos que la gente vote”. El aspecto clave en el diseño de un buen proyecto de participación, es el como incentivar al colectivo ciudadano para que se implique en el proyecto. Y hablando de incentivar y promover acciones entre un colectivo, sea el tipo de proyecto que sea, la gamificación es una opción divertida a considerar.

La gamificación de todo

La gamificación lleva años aplicándose y proponiendo su uso en los sectores más variopintos. Cuando se propuso la idea de aplicar las mecánicas divertidas y motivadoras de los videojuegos y el deporte, pareció que se quería gamificarlo todo. Como solemos decir los ingenieros no existen balas de plata ni soluciones perfectas. Incluso adoptando la solución o la herramienta adecuada, una mala aplicación puede tirar un proyecto por la borda.

Por eso siempre hay que hacer un análisis crítico de las alternativas que tenemos y no desarrollar un proyecto de gamificación por que es un buzz word o por que suene a modernidad. Antes de decidir si embarcarnos en un proyecto de gamificación deberemos diseñar el hipotético juego planteando varias opciones que se adapten a nuestros objetivos. Si se considera que puede ser divertido o motivador se puede pasar a una fase prueba de concepto, para posteriormente abrir el juego a toda la ciudadanía.

Diseño de un proyecto de gamificación

Un proyecto de gamificación, sin importar el sector o ámbito de aplicación, tiene una serie de elementos comunes: objetivos, comportamientos deseados, tipos de jugadores (ciudadanos o colectivos), plataformas de participación, diseño del juego (ciclos de actividad, progresión, puntuación de acciones, medallas, etc), incentivos adicionales y, finalmente, la especificación de la plataforma tecnológica necesaria.

Objetivos

En primer lugar se deben detallar claramente los objetivos que pretendemos conseguir con el juego. Ejemplos podrían ser: “promocionar el destino turístico”, “dar a conocer las actividades culturales del municipio”, “conocer cuáles son las zonas preferidas de la ciudadanía”.

Comportamientos deseados

Los comportamientos deseados son aquellas acciones que necesitamos que los participantes realicen para acometer esos objetivos. En el caso de que queramos cumplir el objetivo de “dar a conocer una actividad cultural” necesitaremos que los jugadores realicen acciones como compartirlo en redes sociales, traer invitados o ayudar presencialmente con la difusión. Otros ejemplos podrían ser “publicar una foto de una playa”, “compartir tu visita a la biblioteca municipal”, “participar en una actividad del ayuntamiento”.

img

Ejemplo de promoción turística en redes sociales por parte de la ciudadanía

Tipos de jugadores

Además debemos definir quiénes queremos que sean los jugadores y los clasificaremos en diferentes tipos, identificando sus características diferenciadoras: su motivación, su conocimiento de un tema o el tipo de acciones que realizará.

Las instituciones, promotoras del proyecto tendrán una relación de prestación de servicios y resolución de problemas de los jugadores. A su vez, los jugadores se ven representados en dichas instituciones que deben buscar el bienestar colectivo.

Plataformas de participación

Conociendo el perfil del jugador, objetivos y comportamientos deseados, debemos definir donde participarán. Por ejemplo, las redes sociales o acudiendo a una oficina municipal.

Diseño del juego

Este es uno de los puntos cruciales: debemos definir en qué consistirá el juego y justificar que sea realmente divertido. Por ello, debemos definir claramente la estructura por la que el usuario progresará. Normalmente se diseña un modelo de puntos y niveles que se van alcanzando a medida que se va sumando.

Justificar la diversión es un punto complicado, ya que es un concepto completamente subjetivo en el que siempre será bueno tener opiniones de los jugadores objetivos. En aquellos casos en que se pretende potenciar comportamientos ya instalados en la cultura de la ciudadanía, siempre será más sencillo que promover nuevas costumbres.

Incentivos adicionales

De forma opcional al sistema de puntuación y progresión, podemos añadir incentivos adicionales en forma de premios y reconocimiento. Un premio como recompensa por ganar el juego, es decir, ser el que más aporta al colectivo, puede ser un incentivo poderoso y proporciona un objetivo y un beneficio claro para participar. Además de premios directos a los mejores participantes, se pueden plantear en forma de sorteo para animar a participar a aquellos que no tengan tiempo o la motivación para intentar ganar.

También los reconocimientos públicos, ya sean informales o reconocimientos institucionales oficiales, animarán a la gente a participar. Un ejemplo de sistema de reconocimiento que se ha usado históricamente lo encontramos en el sistema de medallas de los ejércitos: insignias que reconocen alguna cualidad o logro. En la actualidad, el concepto de medalla se ha trasladado a nuestra vida cotidiana y es otra forma de plantear retos a superar. Por ejemplo: “publicar diez fotografías de nuestro paisaje en una semana”.

Plataforma tecnológica

Este punto es clave a la hora calcular los costes del proyecto, ya que todo el proyecto de gamificación se debe asentar en una plataforma tecnológica compatible con los recursos y arquitectura TIC de la institución. Además, en función de las características de la plataforma y el grado de automatismo podría ser necesario personal. Otro punto clave es que elementos tecnológicos necesitarán los usuarios para participar.

La opción ideal es que el recuento de puntos se pueda realizar de forma automática y que los resultados y clasificaciones se puedan consultar en un portal web. Es importante también que, al menos los mejores resultados, sean públicos para potenciar el reconocimiento colectivo a los participantes modelo. De esta forma, todo el proceso será automático y no supondrá un esfuerzo adicional más allá de la inversión inicial y el mantenimiento.

En caso de que no sea posible desarrollar o implantar tecnología para el proyecto, se tendrá que tener en cuenta el coste en tiempo y dinero que deberá dedicar el personal de la institución. También se debe tener en cuenta a la hora de decidir si realizar una inversión si la plataforma puede ser reutilizada en otros proyectos de gamificación paralelos.

Por tanto, al analizar la plataforma tecnológica deberíamos plantearnos preguntas referentes a la funcionalidad básica como:

  • ¿Con qué grado de automatismo comprueba y contabiliza que un usuario ha realizado la acción?
  • ¿Calcula los puntos automáticamente? ¿Y los niveles?
  • ¿Con qué frecuencia se actualizan los puntos de un usuario?
  • ¿De qué forma consulta el usuario los puntos?
  • ¿Los jugadores necesitarán algún dispositivo electrónico o programa para participar?

Existen productos software específicos para gamificación, pero la mayoría de ellos son aplicados a empresas (cosa que podría ser útil con el personal laboral del ayuntamiento). También está la opción de un desarrollo a medida compartido entre varias instituciones y que pueda ser utilizado en múltiples proyectos.

Tanto si parte por ese deberá revisar que cumpla con la legislación vigente de protección de datos y dar garantías sobre su seguridad frente a intrusiones y robos de datos, ya que suele ser necesaria información sensible como el email.

En otras entradas hablaremos de posibles herramientas ya desarrolladas que podrían cubrir estos requisitos tecnológicos.

Difusión del juego

Y ya casi lo tenemos! Pero nos falta lo un último paso importante: como conseguimos que la gente sepa que existe el juego y si quiere participar. Debemos diseñar un plan de difusión y comunicación para tener una idea clara de todo lo que supone que nuestro proyecto de incentivos y estimar sus costes. Además nos permitirá tener en cuenta factores como clave como los tipos de participantes a la hora de decidir los medios de difusión y el tipo de mensaje.

En conclusión…

En conclusión, la gamificación es una herramienta que nos permite incentivar la participación de la ciudadanía mediante mecánicas de juego y competición. Es importante definir claramente los objetivos y comportamientos que se pretenden conseguir, así como los tipos de jugadores y las plataformas donde se desarrollan. Los comportamientos deseados deben estar bien enfocados, ser realistas y tener empatía: la gamificación aporta incentivos, no obligaciones, y la motivación es una cuestión subjetiva, por eso la diversión y la satisfacción personal siempre debe estar presente.